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viernes, 2 de noviembre de 2012

Diario Reflexivo II


Estas primeras semanas en la unidad de Neonatología han sido muy gratificantes para mí.

Al principio no lo pasé muy bien, no solo por que fueran los primeros días en un lugar nuevo y con nuevos compañeros, si no porque había un gran número de niños ingresados, la unidad estaba llena y el trabajo era agotador para los pocos profesionales de la salud que componían el equipo de la unidad.
Pude comprobar en persona como faltaba tiempo para llevar a cabo las tareas y como las enfermeras no tenían tiempo si quiera para hacer una parada a merendar.
En esta situación la enfermera no tenía más remedio que informar de la situación a la supervisora y expresarle su descontento. Los días siguientes se incorporó una enfermera más a la unidad para ayudar y evitar que el exceso de trabajo pasara factura a la única enfermera que hay en la unidad.

A pesar de todo, yo no veía este overbooking en la unidad como un problema, sino como una oportunidad para aprender más y ver más cosas, más que nada porque así contaban más conmigo para hacer cosas, pedirme ayuda, etc… Es cierto que hubiera sido mejor que esta semana apoteósica se hubiera dado más adelante cuando yo estuviera más ubicada, conociera mejor el lugar, donde están los materiales, las técnicas habituales,… pero aún así estoy aprendiendo muchísimo y viendo muchas cosas.

Posteriormente la situación volvió a la tranquilidad propia de la unidad, según las palabras del personal que ahí trabaja.
El número de niños que había cada día no superaba los cuatro o cinco, la mitad que en la semana anterior. En esas semanas no vi tantas cosas nuevas como en las primeras, aunque sí he tenido la oportunidad de ver curas complejas a pacientes pediátricos, que aunque no son los pacientes que deben estar en una unidad de neonatos sí que se derivan ahí para realizarles las curas, sedarlos y controlarles los signos vitales.

Aproveché la tranquilidad de esas semanas para estudiar mejor la unidad, donde se encontraba todo, investigar el programa informático, resolver dudas e intentar conocer mejor y simpatizar con mis compañer@s.

Lo cierto es que nunca había trabajado con niños pequeños, y menos tan pequeños como puede ser un prematuro o neonato. Sólo había tenido la oportunidad de coger a mis sobrinos. Y el simple hecho de tener que cogerlos en brazos me aterrorizaba. Sin embargo me ha asombrado la rapidez con la que me he acostumbrado a ello, y es algo muy agradable. El ducharlos, asearlos, tranquilizarlos cuando lloran, saber llegar a identificar si su llanto corresponde a que tienen hambre, o están incómodos por algo, o porque algo les duele, es algo que nunca llegué a pensar que sabría hacer. Siempre pensé que trabajar con bebés, era muy complicado, porque no hay comunicación (o no la misma que con un adulto), pero estaba muy equivocada, si sabes observar, es posible que los bebés lleguen a transmitirte más cosas que un adulto. Por lo tanto, llego a la conclusión de que tengo la suerte de estar haciendo mis prácticas con las cosillas más llenas de vida y amor que existen en el mundo.














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