Estas primeras semanas en la unidad de
Neonatología han sido muy gratificantes para mí.
Al principio no lo pasé muy bien, no solo
por que fueran los primeros días en un lugar nuevo y con nuevos compañeros, si
no porque había un gran número de niños ingresados, la unidad estaba llena y el
trabajo era agotador para los pocos profesionales de la salud que componían el
equipo de la unidad.
Pude comprobar en persona como faltaba
tiempo para llevar a cabo las tareas y como las enfermeras no tenían tiempo si
quiera para hacer una parada a merendar.
En esta situación la enfermera no tenía más
remedio que informar de la situación a la supervisora y expresarle su
descontento. Los días siguientes se incorporó una enfermera más a la unidad
para ayudar y evitar que el exceso de trabajo pasara factura a la única
enfermera que hay en la unidad.
A pesar de todo, yo no veía este overbooking
en la unidad como un problema, sino como una oportunidad para aprender más y
ver más cosas, más que nada porque así contaban más conmigo para hacer cosas,
pedirme ayuda, etc… Es cierto que hubiera sido mejor que esta semana apoteósica
se hubiera dado más adelante cuando yo estuviera más ubicada, conociera mejor
el lugar, donde están los materiales, las técnicas habituales,… pero aún así
estoy aprendiendo muchísimo y viendo muchas cosas.
Posteriormente la situación volvió a la
tranquilidad propia de la unidad, según las palabras del personal que ahí
trabaja.
El número de niños que había cada día no
superaba los cuatro o cinco, la mitad que en la semana anterior. En esas semanas
no vi tantas cosas nuevas como en las primeras, aunque sí he tenido la
oportunidad de ver curas complejas a pacientes pediátricos, que aunque no son
los pacientes que deben estar en una unidad de neonatos sí que se derivan ahí
para realizarles las curas, sedarlos y controlarles los signos vitales.
Aproveché la tranquilidad de esas semanas
para estudiar mejor la unidad, donde se encontraba todo, investigar el programa
informático, resolver dudas e intentar conocer mejor y simpatizar con mis
compañer@s.
Lo cierto es que nunca había trabajado con
niños pequeños, y menos tan pequeños como puede ser un prematuro o neonato. Sólo
había tenido la oportunidad de coger a mis sobrinos. Y el simple hecho de tener
que cogerlos en brazos me aterrorizaba. Sin embargo me ha asombrado la rapidez
con la que me he acostumbrado a ello, y es algo muy agradable. El ducharlos,
asearlos, tranquilizarlos cuando lloran, saber llegar a identificar si su
llanto corresponde a que tienen hambre, o están incómodos por algo, o porque
algo les duele, es algo que nunca llegué a pensar que sabría hacer. Siempre
pensé que trabajar con bebés, era muy complicado, porque no hay comunicación (o
no la misma que con un adulto), pero estaba muy equivocada, si sabes observar,
es posible que los bebés lleguen a transmitirte más cosas que un adulto. Por lo
tanto, llego a la conclusión de que tengo la suerte de estar haciendo mis
prácticas con las cosillas más llenas de vida y amor que existen en el mundo.
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