Es
impresionante y sobrecogedor conocer cómo diminutos bebes, con apenas 400
gramos de frágil cuerpo, pueden salir adelante. Ahí cobra todo su sentido lo
que conocemos como milagro
de la vida. Cuando me comunicaron que estaría en el servicio de
Neonatos (UCI), me ilusioné mucho, ya que nunca había estado en un servicio con
bebés. Me apetecía mucho aprender a cuidarlos, realizar técnicas y estar en un
servicio que para mí requiere mucha complejidad:
El
aspecto de los bebés, sus características orgánicas, la sensación de la madre
cuando viene a ver a su hijo/a, la práctica del método canguro, los primeros
intentos de mamar, las emociones de las enfermeras, las emergencias, los
beneficios de alimentarlos con leche materna…También de infecciones, de
respiradores, de dolor, de operaciones y colapsos, de secuelas graves. De todo
el reto que supone ayudarlos a sobrevivir. Pero también de los avances en la ciencia para que cada vez más prematuros puedan
crecer y desarrollarse hasta llevar una vida normal.
Como
ya he comentado, nunca había tenido la oportunidad de realizar mis prácticas en
un servicio con bebés, y me ha sorprendido (solo con lo que he podido ver estas
dos semanas) la humanización en el cuidado de los
bebés y como favorece su
desarrollo tanto físico como neurológico.
Intento
imaginarme como tiene que ser pasar del calentito vientre de mamá a una fría
incubadora en una sala de cuidados intensivos. ¡Menuda diferencia! Por eso, lo
menos que se puede hacer es proporcionarle al bebé, además de los cuidados
médicos necesarios, un ambiente acogedor y un trato más sensibilizado. Para
ello se toman medidas como reducir la manipulación del bebé, evitar la
sobreexposición a la luz y el ruido, y mejorar las posturas del niño dentro de
la incubadora para alargar los períodos de descanso.
Las
enfermeras de este servicio me comentan que realizar este tipo de técnicas más
“humanizadas”, así como también el método madre canguro,
ayudan a mejorar la función cerebral del prematuro y del bebé que allí está
ingresado y su desarrollo neurológico disminuyendo los días de asistencia
respiratoria y, a la larga, su permanencia en el hospital. Las enfermeras
insisten mucho en inculcarles a las mamás, que cada 3h vengan a las tomas, ya
no sólo para alimentarlos con leche materna, (hay bebés a los que hay que
darles el biberón) si no para que mantengan ese contacto piel con piel, tan
importante para el bebé.
Hablando
con ellas (las enfermeras) me comentan en “petit comité” que piensan que la
imposición estricta de horarios para que los padres visiten a su hijo es
absolutamente contraria al trato humanizado del prematuro o con el bebé que
está allí ingresado. Está comprobado que no hay como el contacto piel con piel
(volvemos al método canguro) que ayuda a los pequeños a establecer un vínculo
afectivo con sus padres, además de reducir el dolor, las alteraciones
fisiológicas y el riesgo de enfermedad. Por supuesto, todo esto beneficia
enormemente al bebé y reduce la angustia de los padres.
Por
fortuna no he vivido una situación similar, pero comprendo la tensión, la
preocupación y la experiencia traumática que debe de suponer dejar a un recién
nacido enfermo o prematuro en la unidad de cuidados intensivos del
hospital. La soledad
que se puede llegar a sentir sin el apoyo necesario de amigos, familiares y,
cómo no, del equipo médico de enfermer@s y auxiliares.
Si
hay algo que me ha llamado la atención hasta el momento, es que he notado que
lo que más valoran los padres es, aparte del contacto en dichos momentos con
amigos y familiares, la comunicación directa con el
equipo médico, de enfermería y auxiliares. Consideran un gran
apoyo la recepción de información médica coherente, también a través de breves
informes escritos que aclaran el estado general de los bebés.
Mi
conclusión hasta el momento es que, los padres experimentan una sensación de
falta de control cuando tienen un bebé recién nacido en la UCI. Actividades
específicas tan sencillas como las que he ido describiendo hasta el momento,
ayudarían a recuperar ese sentido del control y a que se sintieran lo que al
fin y al cabo también son: padres, protectores y compañeros de los bebés.
El
equipo de enfermería y auxiliares intentan aportar cuando no están las mamás o
papás un cuidado holístico e integro a los bebés que allí se encuentran.
Sin
ir más lejos, ahora mismo atienden un caso de una niña de Gambia que trago
fertilizante en su país y por medio de una ONG, ahora la están atendiendo aquí.
La niña se llama MAMA y tiene 3 años. No está nunca sola, se turnan para estar
con ella su padre y patricia (una chica que pertenece a la ONG que se encargó
de traerla aquí y que ya la conocía de estar en Gambia con ella). Mama se pasa
todo el rato encima de su padre o de Patricia, con abrazos o cogiéndole de la
mano. Necesita ese contacto físico, es más, Mama no evolucionaría como lo hace
si no fuera por ese contacto y apoyo.
En
definitiva, una atención más humanizada y
personalizada que ciertamente se echa en falta en ciertas
ocasiones (y sí que puedo hablar por propia experiencia en el caso de hospitalización
de familiares mayores) y que se hace mucho más necesaria en el caso de que un
bebé indefenso sea el afectado.
Ojalá
todo el mundo tomara conciencia de esto y así poder dar un empujoncito más a
esos apoyos tan sencillos y efectivos.
Me
ha parecido interesante aportar a este primer diario reflexivo, un artículo del
cual me hicieron mención las enfermeras del servicio dónde realizo las
prácticas (UCI Neonatal) y me recomendaron leerlo. La verdad es que es
impresionante.
El milagro de un bebé de
567 gramos que sobrevivió gracias al abrazo de su madre
Una
muestra de que la cercanía de una madre es capaz de salvar vidas es el
estremecedor caso de la pequeña Rachael nacida en Edimburgo a las 24 semanas de
gestación.
Los
médicos le daban pocos minutos de vida fuera del útero dado que prácticamente
no respiraba y que el corazón le latía una vez cada diez segundos.
Su
madre no dudó un segundo. La cogió y la colocó en su pecho dentro de su propio
camisón para que no muriera de frío pensando que ese sería su último abrazo.
Relata
que podía sentir sus minúsculos piecitos fríos cuando sucedió el milagro.
Súbitamente los latidos del bebé comenzaron a regularizarse lo que le permitió
recuperar la capacidad para empezar a respirar por sí misma.
Aunque
los médicos seguían siendo pesimistas, la niña recuperó la temperatura corporal
y comenzó a evolucionar favorablemente.
Cuatro
meses después fue dada de alta con 3,600 kilogramos del hospital donde nació y
hoy puede recibir en casa un montón de abrazos de su mamá.
Este
tipo de historias que cada tanto conocemos nos llegan al corazón, Es cierto que
muchos bebés no lo logran, pero hay que intentarlo hasta las últimas
consecuencias porque esos indefensos bebés de apenas pocos gramos son grandes
héroes, quienes con el amor de una madre pueden protagonizar verdaderos
milagros.